27/6/07
Amos OZ, Príncipe de Asturias
Durante nuestro curso, en varias ocasiones hemos hablado de la cuestión de la influencia judía y de su peso en la cultura actual. Pues bien: si hay alguien que ha tratado de conciliar ese judaísmo con su acérrimo enemigo en Israel, el mundo árabe, ése es Amos Oz, quien acaba de ser galardonado con el Príncipe de Asturias de las Letras. Poco conocido aún por el gran público -recuerda su caso tal vez al de Orham Pamuk-, sin embargo se han ido publicando con notable aceptación y calidez por parte de la crítica la mayoría de sus grandes obras -me resisto a decir novelas, pues en algunas de ellas el peso autobiográfico es esencial-. Para valorar el conflicto israelí, Oz parte de su experiencia personal, desde que de joven vivió en un kibutz hasta la conciencia de que el pueblo palestino acaso tenga motivos para su actuación. Polémico, por tanto, pero sobre todo un gran escritor: basta con acercarse a una de las posibles candidatas para la lectura el año que viene, Mi querido Mijael, historia de un matrimonio frustrado contada por la mujer; o su gran novela autobiográfica Una historia de amor y oscuridad.
14/6/07
Jornadas Antonio Cillero
Tal vez hayáis tenido ya oportunidad de acudir, pero si no, aún continúan las Jornadas que el Instituto de Estudios Riojanos está desarrollando esta semana como homenaje a la figura del escritor riojano recientemente fallecido Antonio Cillero. Las actividades para el viernes y el sábado son las siguientes:
Viernes, 15 de junio de 2007. Ateneo Riojano de Logroño.
20.00 h. Recital poético sobre la obra de Antonio Cillero Ulecia.
Presenta: Miguel Ángel Muro.
Óscar Hierro, catedrático de Lengua Castellana y Literatura del I.E.S. P. M. Sagasta.
Alberto Vidal, filólogo, impresor, escritor, actor y músico.
Sábado, 16 de junio de 2007. Centro Cultural Ibercaja de Logroño.
20.00 h. Representación teatral de Los dioses se han fatigado de Antonio Cillero Ulecia.
Asociación Nuevo Retablo.
Dirección: Aurora Cillero Azofra.
Escenografía y atrezzo: Marta Cillero Azofra.
Viernes, 15 de junio de 2007. Ateneo Riojano de Logroño.
20.00 h. Recital poético sobre la obra de Antonio Cillero Ulecia.
Presenta: Miguel Ángel Muro.
Óscar Hierro, catedrático de Lengua Castellana y Literatura del I.E.S. P. M. Sagasta.
Alberto Vidal, filólogo, impresor, escritor, actor y músico.
Sábado, 16 de junio de 2007. Centro Cultural Ibercaja de Logroño.
20.00 h. Representación teatral de Los dioses se han fatigado de Antonio Cillero Ulecia.
Asociación Nuevo Retablo.
Dirección: Aurora Cillero Azofra.
Escenografía y atrezzo: Marta Cillero Azofra.
7/6/07
El otro Banville
¿Os imagináis a Banville, el autor de nuestra lectura EL mar, entregado a la novela detectivesca y sacrificando parte de su estilo y de sus digresiones en favor de un mayor dinamismo y de más
peripecia narrativa? Pues eso es lo que propone la novela de Benjamin Black, heterónimo de Banville, El secreto de Christine. Lo edita Alfaguara, y bajo este nombre no se ocultan algunas de las cualidades que ya hemos trabajado en Banville: densidad, cierta complejidad estilística, voluntad por crear sensaciones... Pero ahora se sitúa en primer plano una intriga sobre una red de tráfico de niños en un orfanato de los años 50, y que tiene como telón de fondo los subterfugios y tejemanejes de la iglesia católica irlandesa de la época. Quirke, un patólogo de poco recomendable catadura, será el encargado de desenmarañar la historia que lleva a un niño de Irlanda a América.
Por cierto: Banville y su modestia. Ante las preguntas sobre las diferencias entre esta obra y las firmadas con su nombre, no tiene reparos en contestar que "tengo toda la intención de que Benjamin Black -este año o el siguiente- gane el Booker Prize. Para Banville dejaré que le den el Nobel."
peripecia narrativa? Pues eso es lo que propone la novela de Benjamin Black, heterónimo de Banville, El secreto de Christine. Lo edita Alfaguara, y bajo este nombre no se ocultan algunas de las cualidades que ya hemos trabajado en Banville: densidad, cierta complejidad estilística, voluntad por crear sensaciones... Pero ahora se sitúa en primer plano una intriga sobre una red de tráfico de niños en un orfanato de los años 50, y que tiene como telón de fondo los subterfugios y tejemanejes de la iglesia católica irlandesa de la época. Quirke, un patólogo de poco recomendable catadura, será el encargado de desenmarañar la historia que lleva a un niño de Irlanda a América.Por cierto: Banville y su modestia. Ante las preguntas sobre las diferencias entre esta obra y las firmadas con su nombre, no tiene reparos en contestar que "tengo toda la intención de que Benjamin Black -este año o el siguiente- gane el Booker Prize. Para Banville dejaré que le den el Nobel."
Camino (de César Vidal)
Una buena recomendación para seguir ampliando nuestro canon particular de lecturas, independientemente de todo lo que siempre hemos dicho y opinado sobre su inefable autor, es El
camino hacia la cultura, una personal revisión de lo que considera el acerbo cultural imprescindible para un individuo culto. Resulta tan simpático como desolador el prólogo en que justifica el porqué de esta decisión de lanzarse a orientar al desvalido ciudadano entre las marañas culturales, del cual se ofrece un extracto en el siguiente enlace:
camino hacia la cultura, una personal revisión de lo que considera el acerbo cultural imprescindible para un individuo culto. Resulta tan simpático como desolador el prólogo en que justifica el porqué de esta decisión de lanzarse a orientar al desvalido ciudadano entre las marañas culturales, del cual se ofrece un extracto en el siguiente enlace: Además, el volumen, aparte de las consabidas nóminas no sólo de libros, sino también de películas y otros aspectos de cultura, se acompaña de una Guía de Trabajo en que propone una utilización activa de su obra. Como los cuadernillos de vacaciones para el verano, vamos...
Criticable, muy criticable casi todo lo que aporta, pero precisamente por ello muy saludable.
6/6/07
MUCHAS GRACIAS
Me alegro de poder al fin poner nuevas entradas en el Blog, sobre todo para hacer algo de recibo: daros las gracias a todos por este curso tan fantástico en el que me habéis dejado participar. Como el año que viene espero que nos sigamos viendo, esto no es ni una despedida ni nada similar, sino una forma de reconocer todo lo que me habéis enseñado, tanto como lectores como personas, lo que ha convertido el taller, el club, ... la reunión de amigos apasionados por los libros, en una experiencia fantástica para mí. Por ello, muchas gracias, y seguiremos dando guerra.
Flann o'Brien, Crónica de Dalkey
Os propongo uno de los escritores más originales de la literatura irlandesa, heredero directo de Joyce y también con notables complejidades de lectura, pero entregado a argumentos delirantes, historias de intriga y crítica irónica. Si en Joyce encontramos la cotidianeidad, en O'Brien encontramos un mundo de imaginación desbordante que más de una vez se ha asociado al de Lewis Carroll. Una propuesta compleja pero que merece la pena.

Para conocer un poco mejor esta obra, os incluyo un pequeño texto de Fernando Báez en que desgrana alguna de las claves del autor de El tercer policía, cuya obra Crónica de Dalkey acaba de aparecer en la editorial Nórdica.
Flann O'Brien es, sin discusión, una de las mejores excusas que pueden darse para leer en cualquier época, uno de esos autores cuyo trato se hace con los años una excelente costumbre a la par que una necesidad íntima, esencial, irrefutable, pese a que ni su nombre aparece en la mayor parte de los diccionarios e historias de la literatura ni sus libros circulan en otra forma que no sea de la fotocopia o el remate callejero. Para su fortuna, la crítica (pública, rigurosa, intensa) ha preferido obviarlo de las letras inglesas y sus novelas, comparadas, en su momento y en el nuestro, con las de James Joyce, su admirador y amigo, siguen siendo la excéntrica contraseña de identificación de un escaso grupo de lectores (una auténtica muchedumbre solitaria), entre los que espero contarlo, lector, y me incluyo, que lo reconocen como parte inevitable de sus días y no pierden ocasión de releerlo con renovado asombro y placer.
En verdad, Flann O'Brien fue tan sólo un pseudónimo, aunque el más prestigioso, de Brian Nuall'in, un irlandés nacido en Strabane, Tyrone, el 5 de octubre de 1911. A falta de una biografía minuciosa, lo poco que podemos decir de él se reduce a tres o cuatro aspectos abstractos: el principal, en todo caso, sería el de su fervor por la cultura celta. En University College, Dublín, estudió Literatura Celta y viajó a Alemania para indagar con más detenimiento en el tema. Su tesis trató sobre "La naturaleza en la Poesía Irlandesa", un estudio donde el mito, la leyenda y la descripción proporcionaban claves para comprender el significado real de la historia irlandesa. Para la década de los 40 escribía en periódicos nacionalistas con pseudónimos cuya etimología respondía a cada propósito particular. En el "Irish Times" era el satírico Myles Na Copaleen, con un sentido del humor poderoso y destructor. En "Leinster Times" y en "The Nationalist" era George Knowall. Algunas de sus columnas fueron publicadas en forma de libro en 1943. Lo que parecía importar a O'Brien era despistar y ese fin, que le costó numerosos lectores para sus obras principales, le permitió desarrollar, como Fernando Pessoa, personalidades contundentes. Fue Brian O'Nolan, Myles Na Gopaleen, George Knowall, Brother Barnabas, Count O'Blather, John James Doe, Peter the Painter y Winnie Wedge.
Antes de haber concluido sus estudios universitarios, escribió y publicó su primera novela, la mayor, "At Swim Two Birds", que finalmente apareció en 1939 con tan mala suerte que un bombardeo destruyó tiempo después la editorial Longman's incinerando todos los ejemplares. Su segunda novela fue "The poor mouth" (La boca pobre), publicada en 1941, seguida de "The Hard Life: An Exegesis of Squalor" (La vida dura: Una exégesis de lo escuálido) en 1961, "The Dalkey Archive" (El Archivo Dalkey) en 1964 y, póstumamente una gaveta suministró "The Third Policeman" (El Tercer Policía), editada en 1967. En todo sentido, O'Brien fue un funcionario poco doméstico, ciertamente infeliz, absolutamente inhóspito: trabajador del Servicio Civil, no dejó de atacar al Ministro del Gobierno ridiculizándolo hasta el día en que renunció por motivos de salud en 1953. El primero de abril de 1966 murió en Dublín.
Borges comentó y elogió "At swim-Two-Birds" como una de las más interesantes novelas del siglo en un ensayo aparecido en "El Hogar". Su resumen del argumento es magnífico y cabe rescatarlo íntegro: "Un estudiante de Dublín escribe una novela sobre un tabernero de Dublín que escribe una novela sobre los parroquianos de su taberna (entre quienes está el estudiante), que a su vez escriben novelas donde figuran el tabernero y el estudiante, y otros compositores de novelas sobre otros novelistas..." (Textos Cautivos, p. 327). La obra parte de una idea memorable: establecer un relato con tres comienzos y tres finales como un hipertexto fulminante. Para O'Brien "Un buen libro puede tener tres comienzos completamente disímiles e interrelaciones sólo en la mente del autor, o cien inicios e igual número de finales". Ejemplo de esto es el hecho de que ofrece tres versiones al lector de la historia: la primera comienza con Pooka MacPhellimey, la segunda con John Furriskey y la última con Finn MacCool. Anthony Burgess, en su lista "The best in English since 1939", seleccionó "At swim-Two-Birds" como uno de los más complejos y completos relatos junto con "Finnegan's Wake" de Joyce. Graham Greene y Dylan Thomas leyeron a O'Brien y lo admiraron; Edna O'Brien dijo de él: "Pienso que junto con Joyce y Beckett constituye nuestra trinidad de los grandes escritores irlandeses, pero es más cercano y divertido".
Tal vez "El Tercer Policía", escrita hacia 1940 y salvada póstumamente, sea su novela más intensa y la que le gane mayor número de adeptos. Su procedimiento es complejo, pero el argumento restituye postulados clásicos: dos hombres ejecutan un crimen atroz y uno de ellos, sin que lo note, muere a consecuencia de una bomba colocada por su compañero y pretende seguir su vida normal. Cosas extrañas, mágicas y horribles tienen que sucederle para que evidencie que durante toda la obra ha estado muerto. Al final, regresa a buscar a su amigo y ambos emprenden la serie infinita e inagotablemente repiten los hechos. Los libros de un autor (De Selby) apócrifo sirven para numerosas digresiones absurdas de enorme interés humorístico que hacen de la obra una alegoría de la modernidad. Recuerdo, por ejemplo, un pasaje del capítulo VIII que ridiculiza las teorías físicas actuales tras una entrada a un cuarto que representa la eternidad:
"—Venga aquí, que le enseñaré algo para que se lo cuente a sus amigos.
Luego vi que ésta era una de sus escasas bromas, pues lo que me mostró fue algo que no podía contar a nadie: no existen palabras adecuadas en el mundo para trasmitirlo. Aquel armario tenía una abertura que parecía un tobogán y otra abertura, como un agujero negro, a un metro por debajo del tobogán. Oprimió dos objetos rojos, como teclas de máquinas de escribir, e hizo girar un mando de tamaño considerable. Al instante se oyó un ruido sordo, como si cayeran por una escalera millares de cajas de galletas llenas. Tuve la sensación de aquellas cosas saldrían del tobogán en cualquier momento. Y así fue: aparecieron unos segundos en el aire y desaparecieron por el agujero negro que estaba debajo. Pero, ¿qué puedo decir de ellas? No era blancas ni negras y, desde luego no tenían ningún color intermedio...Pero por extraño que parezca no era su color sin precedentes lo que más me llamá la atención. Tenían otra cualidad que me hizo mirar agitado, con la garganta seca y sin aliento...Luego tuve que reflexionar largamente hasta comprender por qué aquellos artículos eran sorprendentes. Les faltaba una propiedad esencial de todos los objetos conocidos... no tenían dimensiones conocidas. No eran cuadrados ni rectangulares ni circulares, o sencillamente de forma irregular... Sencillamente su aspecto, si se puede admitir esta palabra, era ininteligible para la vista...".
En algún pasaje, O'Brien escribió: "El infierno da vueltas y más vueltas. Su forma es circular y su naturaleza interminable, repetitiva y muy próxima a lo insoportable". En cada libro suyo ofrece una salida a ese laberinto y no es excepcional que haya creido que la literatura permite encontrar los lugares de duración, firmes y propicios a una salvación que si no llega nunca al menos determina las más oportunas y audaces señales de lucidez. De ahí, y mucho más que de ahí, que leerlo sea una experiencia iniciática. No se trata de entretenerse porque sí sino de asumir una tradición fantástica, un presente continuo realizado desde el deseo. Y eso ya lo convierte en un clásico.
Nota final: En la Biblioteca Morris se encuentra la colección más completa del mundo de material sobre y de Flann O'Brien: manuscritos, cartas, artículos, ensayos, periódicos, piezas de teatro y radio, fotografías, textos inconclusos (como una novela titulada provisionalmente "Slaterry's Sago Saga") así como versiones de sus libros en distintos idiomas.
En verdad, Flann O'Brien fue tan sólo un pseudónimo, aunque el más prestigioso, de Brian Nuall'in, un irlandés nacido en Strabane, Tyrone, el 5 de octubre de 1911. A falta de una biografía minuciosa, lo poco que podemos decir de él se reduce a tres o cuatro aspectos abstractos: el principal, en todo caso, sería el de su fervor por la cultura celta. En University College, Dublín, estudió Literatura Celta y viajó a Alemania para indagar con más detenimiento en el tema. Su tesis trató sobre "La naturaleza en la Poesía Irlandesa", un estudio donde el mito, la leyenda y la descripción proporcionaban claves para comprender el significado real de la historia irlandesa. Para la década de los 40 escribía en periódicos nacionalistas con pseudónimos cuya etimología respondía a cada propósito particular. En el "Irish Times" era el satírico Myles Na Copaleen, con un sentido del humor poderoso y destructor. En "Leinster Times" y en "The Nationalist" era George Knowall. Algunas de sus columnas fueron publicadas en forma de libro en 1943. Lo que parecía importar a O'Brien era despistar y ese fin, que le costó numerosos lectores para sus obras principales, le permitió desarrollar, como Fernando Pessoa, personalidades contundentes. Fue Brian O'Nolan, Myles Na Gopaleen, George Knowall, Brother Barnabas, Count O'Blather, John James Doe, Peter the Painter y Winnie Wedge.
Antes de haber concluido sus estudios universitarios, escribió y publicó su primera novela, la mayor, "At Swim Two Birds", que finalmente apareció en 1939 con tan mala suerte que un bombardeo destruyó tiempo después la editorial Longman's incinerando todos los ejemplares. Su segunda novela fue "The poor mouth" (La boca pobre), publicada en 1941, seguida de "The Hard Life: An Exegesis of Squalor" (La vida dura: Una exégesis de lo escuálido) en 1961, "The Dalkey Archive" (El Archivo Dalkey) en 1964 y, póstumamente una gaveta suministró "The Third Policeman" (El Tercer Policía), editada en 1967. En todo sentido, O'Brien fue un funcionario poco doméstico, ciertamente infeliz, absolutamente inhóspito: trabajador del Servicio Civil, no dejó de atacar al Ministro del Gobierno ridiculizándolo hasta el día en que renunció por motivos de salud en 1953. El primero de abril de 1966 murió en Dublín.
Borges comentó y elogió "At swim-Two-Birds" como una de las más interesantes novelas del siglo en un ensayo aparecido en "El Hogar". Su resumen del argumento es magnífico y cabe rescatarlo íntegro: "Un estudiante de Dublín escribe una novela sobre un tabernero de Dublín que escribe una novela sobre los parroquianos de su taberna (entre quienes está el estudiante), que a su vez escriben novelas donde figuran el tabernero y el estudiante, y otros compositores de novelas sobre otros novelistas..." (Textos Cautivos, p. 327). La obra parte de una idea memorable: establecer un relato con tres comienzos y tres finales como un hipertexto fulminante. Para O'Brien "Un buen libro puede tener tres comienzos completamente disímiles e interrelaciones sólo en la mente del autor, o cien inicios e igual número de finales". Ejemplo de esto es el hecho de que ofrece tres versiones al lector de la historia: la primera comienza con Pooka MacPhellimey, la segunda con John Furriskey y la última con Finn MacCool. Anthony Burgess, en su lista "The best in English since 1939", seleccionó "At swim-Two-Birds" como uno de los más complejos y completos relatos junto con "Finnegan's Wake" de Joyce. Graham Greene y Dylan Thomas leyeron a O'Brien y lo admiraron; Edna O'Brien dijo de él: "Pienso que junto con Joyce y Beckett constituye nuestra trinidad de los grandes escritores irlandeses, pero es más cercano y divertido".
Tal vez "El Tercer Policía", escrita hacia 1940 y salvada póstumamente, sea su novela más intensa y la que le gane mayor número de adeptos. Su procedimiento es complejo, pero el argumento restituye postulados clásicos: dos hombres ejecutan un crimen atroz y uno de ellos, sin que lo note, muere a consecuencia de una bomba colocada por su compañero y pretende seguir su vida normal. Cosas extrañas, mágicas y horribles tienen que sucederle para que evidencie que durante toda la obra ha estado muerto. Al final, regresa a buscar a su amigo y ambos emprenden la serie infinita e inagotablemente repiten los hechos. Los libros de un autor (De Selby) apócrifo sirven para numerosas digresiones absurdas de enorme interés humorístico que hacen de la obra una alegoría de la modernidad. Recuerdo, por ejemplo, un pasaje del capítulo VIII que ridiculiza las teorías físicas actuales tras una entrada a un cuarto que representa la eternidad:
"—Venga aquí, que le enseñaré algo para que se lo cuente a sus amigos.
Luego vi que ésta era una de sus escasas bromas, pues lo que me mostró fue algo que no podía contar a nadie: no existen palabras adecuadas en el mundo para trasmitirlo. Aquel armario tenía una abertura que parecía un tobogán y otra abertura, como un agujero negro, a un metro por debajo del tobogán. Oprimió dos objetos rojos, como teclas de máquinas de escribir, e hizo girar un mando de tamaño considerable. Al instante se oyó un ruido sordo, como si cayeran por una escalera millares de cajas de galletas llenas. Tuve la sensación de aquellas cosas saldrían del tobogán en cualquier momento. Y así fue: aparecieron unos segundos en el aire y desaparecieron por el agujero negro que estaba debajo. Pero, ¿qué puedo decir de ellas? No era blancas ni negras y, desde luego no tenían ningún color intermedio...Pero por extraño que parezca no era su color sin precedentes lo que más me llamá la atención. Tenían otra cualidad que me hizo mirar agitado, con la garganta seca y sin aliento...Luego tuve que reflexionar largamente hasta comprender por qué aquellos artículos eran sorprendentes. Les faltaba una propiedad esencial de todos los objetos conocidos... no tenían dimensiones conocidas. No eran cuadrados ni rectangulares ni circulares, o sencillamente de forma irregular... Sencillamente su aspecto, si se puede admitir esta palabra, era ininteligible para la vista...".
En algún pasaje, O'Brien escribió: "El infierno da vueltas y más vueltas. Su forma es circular y su naturaleza interminable, repetitiva y muy próxima a lo insoportable". En cada libro suyo ofrece una salida a ese laberinto y no es excepcional que haya creido que la literatura permite encontrar los lugares de duración, firmes y propicios a una salvación que si no llega nunca al menos determina las más oportunas y audaces señales de lucidez. De ahí, y mucho más que de ahí, que leerlo sea una experiencia iniciática. No se trata de entretenerse porque sí sino de asumir una tradición fantástica, un presente continuo realizado desde el deseo. Y eso ya lo convierte en un clásico.
Nota final: En la Biblioteca Morris se encuentra la colección más completa del mundo de material sobre y de Flann O'Brien: manuscritos, cartas, artículos, ensayos, periódicos, piezas de teatro y radio, fotografías, textos inconclusos (como una novela titulada provisionalmente "Slaterry's Sago Saga") así como versiones de sus libros en distintos idiomas.
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